
Después de varios meses de conflictos sociales, Asamblea Constituyente, paros cívicos y no cívicos, acusaciones, pugilismo en el Congreso Nacional y otras discrepancias generadas por diferentes instancias sociales, instituciones del sector público, Poder Legislativo, Comités Cívicos, Poder Ejecutivo y otro tipo de poderes que a veces no son conocidos pero si son percibidos como tales; Bolivia se encuentra en un gran problema que a saber de propios y extraños se dice que puede terminar en una “Guerra Civil”.
Todos estos conflictos por diversos temas y actores, pueden resumirse en un tema: “Poder”; y dos actores políticos: “Los nuevos” y “Los de antes”, quiero dar esta denominación para no incurrir en temas o argumentos que tengan que ver con una definición política que el autor prefiere no establecer.
Los dos actores enarbolan para la disputa las banderas de la justicia, la pobreza, la democracia, el diálogo, las protestas y manifestaciones pacíficas, lo originario, el indigenismo, las autonomías, la capitalidad plena, etc. Pero en el fondo muy poco de esos varios argumentos son verdad, o talvez son secundarios, porque la realidad muestra que es una lucha por el Poder.
Aparentemente, una fuerza invisible (no es la mano invisible de Adam Smith), ha encontrado un lugar “neutral” para que se produzca el desenlace, un lugar con historia, con gente digna que fue perturbada por un entrañable anhelo –la sede de gobierno- aunque desde el punto de vista del autor, un anhelo no real.
Hoy se han encontrado las mesnadas de ambos poderes en la ciudad blanca, que podría teñirse de roja, se han encontrado y solo falta un detonante que se busca constantemente para que se llegue al enfrentamiento. Este posible enfrentamiento, que podría no ser el último, pero si el primero, justificará la toma decisiones para ambos actores, a través de las cuales se ira perfilando el actor victorioso a costa del pueblo Boliviano.
Todos estos conflictos por diversos temas y actores, pueden resumirse en un tema: “Poder”; y dos actores políticos: “Los nuevos” y “Los de antes”, quiero dar esta denominación para no incurrir en temas o argumentos que tengan que ver con una definición política que el autor prefiere no establecer.
Los dos actores enarbolan para la disputa las banderas de la justicia, la pobreza, la democracia, el diálogo, las protestas y manifestaciones pacíficas, lo originario, el indigenismo, las autonomías, la capitalidad plena, etc. Pero en el fondo muy poco de esos varios argumentos son verdad, o talvez son secundarios, porque la realidad muestra que es una lucha por el Poder.
Aparentemente, una fuerza invisible (no es la mano invisible de Adam Smith), ha encontrado un lugar “neutral” para que se produzca el desenlace, un lugar con historia, con gente digna que fue perturbada por un entrañable anhelo –la sede de gobierno- aunque desde el punto de vista del autor, un anhelo no real.
Hoy se han encontrado las mesnadas de ambos poderes en la ciudad blanca, que podría teñirse de roja, se han encontrado y solo falta un detonante que se busca constantemente para que se llegue al enfrentamiento. Este posible enfrentamiento, que podría no ser el último, pero si el primero, justificará la toma decisiones para ambos actores, a través de las cuales se ira perfilando el actor victorioso a costa del pueblo Boliviano.
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Marcos Alejandro Aldana Dávila