La mentira en Bolivia es de todos los días, expresada a través de los políticos y expandida y a veces tergiversada, a través de los medios de comunicación, todo esto genera una espiral que va envolviendo a cada uno de los bolivianos.
Con estos ejemplos a nivel nacional y con el constante virus de la mentira en el aire, lo mas seguro es, que la fiebre porcina no llegue a Bolivia, porque nuestro virus es más poderoso, pero más peligroso, siendo que se expande con más velocidad y es de más fácil contagio. ¿Y mata nuestro virus? ………… Claro que mata las mentiras han matado a mucha gente en la historia de Bolivia, niños por desnutrición (decían que estaban trabajando por ellos), asesinatos en la calle (la policía decía defender siendo que estaban en complicidad), conflictos (surgidos y resueltos con mentiras) entre muchos.
Mientras miraba a mis hijas en el colegio con sus compañeros, encontraba en todos ellos un ambiente de pureza, inocencia y verdad, preguntándome…. ¿Cuándo es que perdimos la inocencia o nuestra honradez?; en ese momento no pude responderme, pero si tuve un sentimiento íntimo bajo el cual yo mismo me sentí contaminado en varias oportunidades por el virus.
De manera posterior comenté con amigos sobre esta vivencia y pensamiento que había tenido, y posterior a ello me puse a cavilar sobre cuando dejamos la verdad para entrar en las mentiras, creo que lo hacemos en distintas etapas de nuestra vida. Sin embargo, hasta la finalización del colegio la mayoría genera un campo de protección, el mismo que se refuerza en ese mismo centro de enseñanza, en el momento en que se comparte vivencias y donde la verdad se encuentra presente y más expandida, venciendo a la mentira.
La falta de conexión con las realidades de Bolivia en esa etapa hace que estemos aún salvos, no nos interesan las noticias y creamos sin querer, un escudo protector de ese mundo corrupto, sucio y mentiroso; no somos aún ciudadanos con derechos y obligaciones, no tenemos que volar en ese aire impuro, dependemos la mayoría a esa edad, de nuestros padres, y vivimos en una Bolivia mas limpia, pero irreal.
Salir de ese mundo irreal a la verdadera realidad boliviana es contraproducente, algunos se amoldan bien al nuevo ambiente, otros demoran en acomodarse y otros nunca terminan de entender lo que sucedió, viviendo en una Bolivia real llenos de ideales irreales; esto último es algo triste, pero cierto. Los que se acomodaron al nuevo ambiente se sienten triunfadores y viven en, y de mentiras, los parcialmente adaptados batallan en su vida con triunfos y fracasos, conservando en el fondo algunas verdades a medias y los que no se adaptan viven con sus verdades ocultas y al ser pocos no pueden lograr un cambio.
La conclusión es clara, las mentiras mandan en Bolivia y nosotros permitimos que esto sea así. Día a día, se incorporan nuevos jóvenes a Bolivia, y sus verdades en la mayoría están ocultas, preferimos obviarlas para vivir en irrealidades. La mentira ya invadió muchos hogares y este es el núcleo de la sociedad, entonces o hacemos algo desde ese núcleo cada uno de nosotros, o tal vez nuestros hijos y nietos lleguen a observar y vivir esta cercana realidad. Nosotros ya no estaremos pero, quien podría decir con certeza que no estemos observando.
La mentira destruye, la verdad construye. Destruir es más fácil y rápido que construir. En una balanza observamos que estamos en plena etapa de estancamiento y retroceso en Bolivia, la estamos destruyendo. Las variables económicas podrán haber mostrado crecimiento, pero las variables sociales son las determinantes de las económicas.
Ya se inició el proceso en que la sociedad esta afectando la economía y ésta a su vez afecta a la sociedad, generándose un circulo vicioso del cual difícilmente podremos salir.
Marcos Alejandro Aldana Dávila
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